
Cada septiembre, cuando el bronceado de la piel va bajando tras la exposición solar del verano, nuestros pacientes acuden a consulta por la aparición de manchas cutáneas en el rostro. Son léntigos solares, ya presentes previamente, pero que quedan “disimulados” con el bronceado, y al disminuir la intensidad del mismo, se hacen más notorios.
La piel tiene memoria. Cada vez que nos exponemos al sol, los melanocitos -las células encargadas de producir el pigmento- responden fabricando melanina para protegerse. Durante el verano ese pigmento se reparte por toda la cara de forma más o menos uniforme, así que el bronceado disimula las zonas donde la producción está alterada. Cuando el moreno se va, no se va igual en todas partes: las áreas que llevan años acumulando daño solar retienen el pigmento y quedan a la vista sobre una piel que ya ha recuperado su tono. Por eso las manchas no aparecen en agosto, aparecen en septiembre. No son nuevas: son la huella de muchos veranos, que ahora se hace visible.
Entendemos que eso incomode. Las manchas apagan el rostro, obligan a maquillar zonas que antes no necesitaban y tienen la mala costumbre de salir donde más se miran: la cara, el escote, el dorso de las manos. No es vanidad querer hacer algo con ellas. Es querer reconocernos cuando nos miramos al espejo, que es una de las razones más legítimas para acudir a una consulta de medicina estética.
No todas las manchas sin iguales
Ahora bien, no todas las manchas tienen el mismo origen ni se tratan del mismo modo, aunque a simple vista se parecen. Los léntigos solares son esas manchas marrones bien delimitadas que salen en las zonas más expuestas y responden bien a los tratamientos que fragmentan el pigmento. Las efélides o pecas tienen un componente genético y se oscurecen con el sol. La queratosis seborreica tiene relieve y textura rugosa, y tienen otro abordaje terapéutico. Y luego está el melasma, que suele afectar a mejillas, frente y labio superior, tiene un fuerte componente hormonal -embarazo, anticonceptivos, cambios hormonales- y es, con diferencia, el más exigente: es más profundo, más recurrente y se irrita con tratamientos demasiado agresivos. Si alguna vez hemos tratado unas manchas y han vuelto peor, es muy probable que fueran un melasma tratado como si fuera otra cosa.
Hay además una razón médica por la que el primer paso nunca debería ser el tratamiento, sino la valoración, y sobre todo, la prevención. Una mancha que cambia de forma, de color o de tamaño, que tiene bordes irregulares, que pica o que sangra necesita mirarse con detenimiento antes de someterla a tratamientos. No se trata de alarmar a nadie: en la inmensa mayoría de los casos no hay nada preocupante. Pero es precisamente por ese pequeño porcentaje por lo que requiere una valoración médica. En SANAT siempre valoramos desde una mirada médica: examinar con calma, entender qué tipo de mancha es y solo entonces hablar de opciones.
¿Por qué el otoño es el mejor momento para tratar las manchas?
Y llegamos a la parte que explica el calendario. Los tratamientos más eficaces para las manchas -la luz pulsada intensa, los peelings médicos- necesitan dos condiciones que en verano son imposi
bles de garantizar: una piel que no esté bronceada antes de la sesión y una exposición solar mínima posterior. La piel morena contiene una concentración más melanina más elevada, así que la luz no distingue con precisión la mancha y del resto de piel, y aumenta el riesgo de quemadura y de hiperpigmentación posterior. Por eso conviene dejar pasar unas semanas sin exposición solar antes de empezar y mantener una fotoprotección cuidadosa durante todo el proceso. En otoño e invierno, con menos radiación y una piel que ha descansado de la luz solar, las condiciones son las mejores del año. Empezar en octubre, además, permite llegar a las fiestas con un tono visiblemente más uniforme.
IPL Lumenis M22: cómo tratamos las manchas en SANAT
En SANAT trabajamos las manchas principalmente con luz pulsada de alta gama, el sistema Lumenis M22. Emite luz de amplio espectro que la melanina de la mancha absorbe de forma selectiva; ese pigmento se fragmenta y es el propio organismo el que se encarga de eliminarlo en los días siguientes. Su ventaja frente a otros equipos es que trabaja varios signos del fotoenvejecimiento a la vez: además de las manchas, mejora las rojeces, la textura y la luminosidad general, que suelen ir juntas en una piel con daño solar acumulado. Puede tratarse la cara, pero también el cuello, el escote y las manos, que son las zonas que más se han expuesto al sol y más fotoenvejecimiento reflejan.
¿Qué ocurre después de una sesión de IPL?
Nos gusta contar cómo es el proceso real antes de empezar, porque saber qué va a pasar tranquiliza mucho. La sesión dura entre veinte y treinta minutos, se nota calor y un pequeño chasquido en cada pulso, y se puede hacer vida normal al salir. En las horas siguientes es habitual un enrojecimiento leve. Y luego ocurre algo que asusta si nadie lo ha advertido antes: las manchas se oscurecen antes de desaparecer. Durante unos siete a diez días quedan más marcadas, como pequeñas costras finas, y después se desprenden solas. No hay que frotarlas ni acelerarlas. Y si aun así nos inquieta, lo mejor es escribir a la clínica: preferimos mil veces resolver una duda que dejar pasar una semana de preocupación en silencio.
Peeling médico: otra opción para tratar el pigmento
El peeling médico es la otra herramienta de esta época. Renueva la capa superficial de la piel, unifica el tono y mejora la textura y las líneas finas, con una descamación controlada durante los días posteriores que acompañamos con cuidados en casa. Tenemos distintas opciones de gamas de peelings. Nos decantamos por uno u otro en función del tipo de mancha, del fototipo, de la rutina de cada paciente y también de algo tan práctico como cuántos días podemos permitirnos estar con la piel visiblemente afectada tras el tratamiento. La vida de cada una cuenta en la ecuación, y la tenemos en cuenta al planificar la terapia más adecuada.
Tratar las manchas es solo una parte: evitar que vuelvan es fundamental
Hay algo que conviene saber antes: ningún tratamiento consigue que las manchas dejen de reaparecer. El pigmento se elimina, pero la piel que lo produjo sigue siendo la misma y sigue exponiéndose al sol. Sin fotoprotección diaria durante todo el año —también en invierno, también en días nublados – y sin los despigmentantes que se pauten en cada caso, el resultado puede perderse en pocos meses. En el melasma esto adquiere más relevancia, porque su tendencia natural es reaparecer y el objetivo realista es controlarlo y mantenerlo a raya. Sabemos que no es la respuesta que se quiere escuchar, pero preferimos que la decisión se tome con la información completa y veraz.
¿Cuándo es mejor esperar?
También hay momentos en los que sencillamente no toca: piel recién bronceada, embarazo y lactancia según el caso, medicamentos que aumentan la sensibilidad a la luz, brotes activos de otras afecciones cutáneas o fototipos altos que requieren parámetros muy prudentes. En esos casos lo explicamos con claridad y buscamos la alternativa adecuada o el momento correcto. Esperar unas semanas nunca es tiempo perdido.
Si al volver de vacaciones nos hemos mirado al espejo y hemos descubierto nuestra piel más manchada, este es el mes para hacer algo al respecto. Y ese algo empieza por mirar la piel con calma y entenderla. Podemos verla juntas en consulta, sin compromiso y sin prisa, y contar con honestidad qué opciones tienen sentido en cada caso y cuáles no.
¿Tienes dudas sobre qué tratamiento es el más adecuado para ti?
En SANAT Barcelona valoramos cada caso de forma individual para recomendar las opciones más adecuadas para cada paciente, teniendo en cuenta sus necesidades y la evidencia científica disponible.
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¿Te preocupan las manchas de tu piel?
En SANAT Barcelona valoramos tu piel de forma individual para entender el origen de las manchas y recomendarte las opciones más adecuadas para tu caso.

